Consideramos más pertinente leer esta redistribución como la sacralización de un espacio político más, es decir, la pérdida de un espacio público y laico en beneficio de las creencias de algunxs. De este modo, se renueva una intensa actividad del Señor y el Espíritu Santo, que buscan bendecir al país o, en términos concretos, el avance de esta teologización de la política.