¿En qué momento aprendimos que estar bien era lo mismo que seguir funcionando? Vivimos en una época que valora la rapidez, la productividad y la capacidad de adaptarnos. Los cambios tecnológicos, económicos y sociales modifican permanentemente nuestra manera de trabajar, relacionarnos y organizar la vida cotidiana.
La nostalgia por el pasado no tiene cabida en el futuro que estamos construyendo. Nosotras no seremos esas mujeres porque la libertad no tiene vuelta atrás. La verdadera revolución está en ser dueñas de nuestras vidas, sin que nadie nos imponga qué hacer, cómo ser o qué sueños debemos tener.
La figura del mandatario, al asumir públicamente una paternidad activa, ofrece una posibilidad concreta de ampliar el marco de lo esperable, de habilitar nuevas formas de ejercer el cuidado y de proyectar cambios necesarios a nivel institucional, cultural y legislativo.
En el mundo existen dos industrias que explotan los cuerpos de millones de mujeres, exponiéndolas a tasas muy altas de nocividad (a menudo con consecuencias fatales). La condición de estos «trabajadores» no es mucho mejor que la de los negros en los campos de algodón del sur de Estados Unidos antes de la abolición de la esclavitud. Son la industria de la prostitución y la industria de la subrogación.
Cada vez aparecen más pruebas que desestiman la teoría de que en el paleolítico los hombres cazaban y las mujeres recolectaban, esto supone develar que esas hipótesis han sido construidas con los criterios patriarcales del presente