En Macedonia, esta corrección aséptica nos vuelve sordos, ciegos y mudos ante el colapso. Lo que nos falta es resistencia, no refinamiento. Cualquiera que no esté dispuesto a decir verdades dolorosas solo porque puedan molestar a una población zombificada y apática y a un Gobierno asustado es cómplice. Orwell tenía razón: decir la verdad en una época de engaño universal es un acto revolucionario.