Nadie podría haber predicho que la relación entre la nación sudamericana y el gigante económico mundial en ascenso florecería y alcanzaría niveles estratégicos, sin embargo, esto es exactamente lo que sucedió. La relación entre Venezuela y China pasó de ser "estratégica" a convertirse en una "asociación estratégica", evolucionando a una de "asociación estratégica integral" y luego a una "asociación estratégica para todo clima". Consagrada en muchos acuerdos de colaboración, la relación ahora cubre casi todos los aspectos de la economía.
La cuestión de Groenlandia, si bien está pensada para fortalecer aún más las capacidades económicas y militares de Estados Unidos frente a sus adversarios principales, es evidente que esta coyuntura también repercutirá fuertemente en Europa, al igual que lo que ocurre actualmente con la guerra en Ucrania, cuestionando fuertemente la lógica de la alianza atlantista y seguir empujando a Europa hacia el plano de la irrelevancia política y la crisis económica.
China será el objetivo número 1 de la política exterior de Estados Unidos y no precisamente para cooperar, al contrario, será para entorpecer los vínculos bilaterales e impedir que, aunque China no se lo haya propuesto, le dispute a Washington la hegemonía global.
La mutación histórica en curso es frecuentemente asociada con la transición hegemónica y el despunte del Sur en desmedro del Norte global. La crisis del capitalismo neoliberal efectivamente potencia el declive económico de Estados Unidos y el ascenso de China. Pero la comprensión de ese viraje exige el uso de otros conceptos de raíz marxista.
Políticos como Biden, Macron, Scholz, Borrell, Keir Starmer son aquellos que, bajo la idea de mantener una hegemonía a la baja, han establecido una política de máxima presión, de cerco contra Rusia, que resulta inaceptable.
De los discursos de Trump se puede deducir que le gustaría hacer historia, y puede que se le ocurra la idea de hacerlo «terminando el trabajo» en Cuba (pero también en Venezuela y Nicaragua). Si emprende esa ruta, ya tiene una serie de políticas agresivas que implementó durante 2016-20. Además, disfrutará del control de los republicanos de derecha sobre el comité de asuntos exteriores del Senado.
No existen llamados de alerta, desde ese Occidente, frente a un régimen como el de Tel Aviv que, con la posesión de armas nucleares y su afán expansionista, desestabilizador, agresivo y violador de las leyes internacionales, es el verdadero enemigo de los pueblos.
A diferencia de otros momentos claves con las elecciones estadounidenses en que el panorama internacional era lo más gravitante, parece ser que en esta ocasión la tensión mayor se vivirá en el plano nacional.
Desde hace al menos 150 años, Australia ha estado integrada en la red de países ricos industrializados, gran parte de cuya riqueza procede de la explotación imperialista colonial y moderna de lo que hoy se denomina el Sur Global.