El crimen de Eva es una novela policial con latido fuerte y sin intermitencias. Tiene un pulso firme, un hilo conductor que no se rompe en el transcurso de las 232 páginas. Se lee bien y se lee rápido, fluye como los esteros en el campo. La autora demuestra rigor en los detalles, crea ambientaciones creíbles, reales. Los diálogos van fijando el ritmo y aportan a la semblanza de los personajes.