"La oralidad siempre fue parte del poema. La música no vino después a decorarlo. El humor no le quitó gravedad a la memoria. El barrio, la cárcel, el exilio, los muertos, los chistes, los garabatos y las voces de otros también podían formar parte de una poética. Por eso Redolés calzaba tan bien con los criterios del Teillier. El premio buscaba una obra original, reconocible, relevante para la poesía chilena y vinculada con la memoria histórica y la justicia social".