Hace 8 años se puso en marcha el Transantiago, un sistema de tranporte que prometía cambiarle la cara a la capital con modernas flotas de buses y una tarjeta que nos evitaría tener que pagar con monedas. Una renovación total que dejó a las micros amarillas en el recuerdo. Sin embargo, no ha funcionado como se esperaba, y gobierno tras gobierno han debido inyectar millonarias cifras para intentar mejorarlo. Aunque, en ese intento las autoridades han apuntado sólo a evitar la evasión y no a mejorar la calidad y al menos, congelar la tarifa.