«Los personajes de Plop perdieron un impulso básico —que podríamos llamar «curiosidad»—, aquel movimiento que, surja de donde surgiera, nos hacer ir necesariamente hacia las cosas. Ellos sienten un desinterés crudo por lo que sucede. No cuestionan nada. Entonces, viven sin respuestas —lo cual no sería inusual para muchos de nosotros—, pero, fundamentalmente, no tienen respuestas, porque viven sin preguntas —y esto sí ya es más raro—».