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A 40 años del Golpe: Nuestra memoria está llena de futuro

A 40 años del golpe. Esta es, sino la más, una de las frases más escuchadas, leídas y pronunciadas por estos días.

A 40 años del golpe miramos a nuestros hermanos y hermanas que lucharon en dictadura, tal como hoy luchamos nosotros, y fueron duramente castigados por ello. A aquellos que por organizarse en sus sindicatos, en sus poblaciones, en sus universidades, en sus calles, fueron asesinados, perseguidos o desaparecidos. Y les prendemos velas, visibilizamos sus imágenes, les conmemoramos en actos y manifestaciones.

A 40 años del golpe, recordamos los sucesos de aquellos 40 años atrás, y sus años venideros. La tv muestra imágenes y relatos de la tortura y la persecución. Algunos piden un perdón obligado por las circunstancias, un perdón que más que eso tiene sabor a justificación. Justificación de lo que hicieron y de lo que no. Justificación.

Y he allí uno de los elementos centrales en este debate.

Los defensores de la dictadura hablan de “régimen”, del “presidente Pinochet”, de que “todos sufrimos”, de que el “dolor no les pertenece sólo a algunos” y que “tenemos que validar el dolor de los demás”, que “ninguna verdad es la verdad”. Hablan de que “no sabíamos qué estaba pasando”, “hicimos lo que pudimos”, entre tantas otras cosas.

Es evidente que todo ello implica un desconocimiento sistemático de la dictadura como tal, como el proceso donde el Estado ejerció violencia política hacia UN sector de la sociedad, mientras el otro miraba cómplice de aquella vergüenza. ¿Qué posibilidad de “reconciliación” puede haber en esas condiciones? ¿Qué posibilidad de reparación? Y si ello no es una incitación a la rabia, cuyas manifestaciones luego puedan reprimir, tildar de terroristas y perseguir, ¿qué es?

La “conmemoración” se ha plagado de discursos legitimadores no sólo del golpe como necesario para el restablecimiento de la “normalidad” de los privilegios de los poderes económicos del país, ni de la complicidad de quienes lo permitieron y avalaron. La legitimidad que estos discursos otorgan es a la instalación del modelo económico y social imperante en nuestro país, cuestión que defienden sin vergüenza y en horario prime.

Y para ello la tv muestra la crudeza de la dictadura, de la tortura, y el actuar “revolucionario” de aquellos que lucharon por el fin de la misma, poniendo como moneda de cambio la mantención de las bases del modelo instalado a sangre y fuego. ¿El efecto esperado? La validación de la salida pactada como única posible. La relegitimación de la política del consenso, que nos obligó a consensuar un proyecto país con quienes nos arrebataron la dignidad y la vida (sí, la dignidad y la vida). La misma política que selló la subordinación de nuestras necesidades, nuestros derechos y nuestros sueños a las ganancias del capital nacional y transnacional asentado en el país.

Y por supuesto, los mismos protagonistas de esa historia son quienes se preparan para recoger los frutos de esta nueva siembra. ¡Qué fecha más útil para la recomposición de una Concertación desgastada y sin proyecto futuro! ¡Qué fecha más útil para la renovación del consenso! ¡Qué fecha más útil para copar las sensibilidades de quienes rechazamos tajantemente la dictadura militar y sus efectos en la vida social, política y económica que vivimos hoy! ¡Y qué fecha más útil para revivir el miedo a la repetición de la historia, amenaza que se alza inminente si osamos continuar profundizando nuestra crítica y movilización activa por una vida justa y digna para nuestro pueblo!

Esto es lo que están instalando con la conmemoración. Esto está detrás de tanta pantalla con imágenes y relatos de la dictadura militar. Y esto es, a toda costa, lo que debemos evitar que ocurra en este nuevo 11 de septiembre.

A 40 años post golpe la memoria no pasa por “recordar a los caídos” sin más, sino por recordar el proyecto histórico y las razones por las que fueron asesinados u obligados a buscar medios extremos para preservar la vida de sus familias. Esas razones siguen plenamente vigentes: la dignidad, el bienestar y una sociedad de derechos para nuestra gente.

Lo que la dictadura no resuelve con pedir perdón no son sólo las muertes pasadas, sino los efectos diarios de un sistema económico y social excluyente, fuertemente desigual y mercantilizador de nuestra existencia, reduciéndonos de seres humanos a consumidores.

La memoria hoy es un ejercicio de lucha por el futuro. Ello es lo único que puede reivindicar las vidas de quienes murieron por ese mismo proyecto, con mayor sentido incluso hoy. Ese es el ejercicio de memoria que necesitamos, no el de la tv que cristaliza en las violaciones a los DDHH la existencia de la dictadura, invisibilizando que su razón primordial de ser es el establecimiento de la sociedad que vivimos hoy.

Nuestra conmemoración no es sólo una lucha por la justicia de los tribunales, sino por la justeza de nuestros planteamientos, por la legitimidad de nuestras demandas, por la urgencia de nuestra dignidad.

Como dijera Salvador Allende “(…) podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.”

Y esa historia, hoy más fuerte que nunca, debemos tomarla en nuestras manos. Debemos decir fuerte y claro que la historia que cuenta la tv NO ES nuestra historia. Nuestra historia comienza mucho antes, nuestra historia es de fuerza y rebeldía, las imágenes que recordamos son las de nuestros compañeros y compañeras, nuestras familias luchando en las calles, levantando la frente y alzando la voz, saliendo a trabajar más temprano y con más fuerza, defendiendo sus lugares de trabajo, organizando las poblaciones.

Esta es nuestra historia. Y eso es lo que conmemoramos hoy: que ese sueño SÍ ES POSIBLE, porque ya hemos empezado a construirlo, y que quienes se interponen son justamente los mismos que validaron el golpe, y los que sellaron nuestro futuro dándole la mano a los dictadores. Allí se inscriben la Alianza y la Concertación, Matthei y Bachelet.

Mención aparte para los compañeros y compañeras del Partido Comunista, que equivocan el camino al creer que una alianza con las burguesía nacional puede permitirnos avanzar en las reformas sustanciales para el avance del movimiento social, toda vez que ella ha realizado sus intereses en el actual modelo económico y político. Por esta vía, las puertas están cerradas. Confiamos en la convicción y el arraigo transformador de sus bases militantes, quienes sabrán recobrar el camino de una alternativa autónoma una vez que se desvele dicha imposibilidad.

Por nuestra parte, nos queda hoy construir nuestra propia alternativa, que dé continuidad y profundidad a las luchas que ya hemos levantado, a la exigencia de las reformas que permitan nuestra plena participación en las decisiones que afectan nuestra vida, a la exigencia del fin al lucro con nuestros derechos, tanto en educación, salud, vivienda y previsión, a la construcción de una vida donde las personas sean el centro del interés, no las ganancias. Y eso, lo levantamos desde todos los espacios donde actuamos.

Hoy, aprovechamos el escenario electoral para defender nuestras luchas desde esa tribuna, pero diciendo claro cuáles son los ejes que la articulan, sin alianzas con quienes se han empeñado en mantener y profundizar el modelo. Desde el Movimiento [email protected] a La Moneda, ocupamos ese espacio y disputaremos el sentido común que nos han impuesto.

Desde nuestras calles, barrios, centros de estudio y trabajo, fortaleceremos nuestra unidad y organización por las transformaciones profundas a que aspiramos.

Desde todos los frentes, diremos con tesón: ¡NOSOTROS NO OLVIDAMOS. POR ESO, SEGUIMOS ADELANTE, CON TODAS LAS FUERZAS DE LA HISTORIA!

¡ARRIBA LAS Y LOS QUE LUCHAN!

Karol Morales

Red Libertaria

[email protected]

twitter: @libertariosred

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