El 27 de octubre los argentinos elegirán a su próximo presidente

Fernández-Fernández, la dupla electoral que promete castigar a Macri por su desastre económico

La profunda crisis social y económica que atraviesa Argentina por la aplicación de políticas neoliberales ha provocado que Mauricio Macri tenga un rechazo del 75 % de la población


El próximo 27 de octubre los argentinos deberán elegir a su nuevo presidente, casi cuatro después de que Mauricio Macri lograra imponerse en los comicios de 2015 con apenas 51,3 % de los votos, frente a Daniel Scioli, quien obtuvo 48,7 % en la segunda vuelta.

El panorama político de cara a las próximas elecciones se proyecta muy convulsionado. Por un lado Macri aspira a la reelección, mientras la expresidenta Cristina Fernández (2007-2015) se postuló a la vicepresidencia, en fórmula con su ex jefe de Gabinete Alberto Fernández (2007-2008) como candidato a presidente.

Mientras que la oferta de Macri es continuar aplicando medidas neoliberales que benefician a las élites y empobrecen al pueblo, la dupla Fernández-Fernández  llama a una gran coalición que permita recuperar al país sumergido en una profunda crisis social y económica.

¿Lo peor ya pasó?

Durante su gestión como presidente, Macri ha repetido una y otra vez su frase cliché: “lo peor ya pasó”. La emplea para referirse a la inflación, el desempleo y demás problemas que aquejan a los argentinos.

Esta frase ya la decía hace más de 20 años, cuando dueño de la empresa automotriz Sevel, que debió cerrar en 1996. Con ella, hoy, espera justificar el fracaso de sus políticas.

Recientemente, el Mandatario aseguró que su Gobierno mantendrá el rumbo a pesar de que «el camino no será fácil», y pidió a los argentinos que se comprometan y que «por más que les duela» no duden de que «ésta es la dirección» para sacar al país adelante.

Cuando llegó a la presidencia, con su carta de presentación de empresario, prometió que con una visión gerencial, “arreglaría los problemas que dejó el kirchnerismo”.

Sin embargo, la realidad es que su administración ha cosechado una devaluación monetaria histórica superior al 100 %, producto de su decisión de liberar el dólar que abrió las puertas a la fuga de capital en la moneda norteamericana

Desde que Macri asumió la jefatura de Estado a finales de 2015, Argentina entró en un espiral neoliberal que ha ocasionado que la inflación crezca un 50 % interanual ( la más alta en 28 años), que la pobreza haya aumentado a un 33 % (13,6 millones de personas), que cierren fábricas y comercios y que en 2018 se hayan despedido a más de 200.000 trabajadores, según cifras oficiales. 

Adicionalmente, la profunda recesión hizo caer la economía en 2,6 % durante 2018 y las cifras para 2019 no son nada alentadoras.

Por otro lado, el salario mínimo de los argentinos cayó 28,2 % en términos reales, desde noviembre del 2015 a mayo de 2019.

Las finanzas argentinas apenas respiran con la ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI), ente que le aprobó un préstamo de 57.000 millones de dólares que será desembolsado entre 2018 y 2021, a cambio de un plan de recortes sociales.

El FMI le aprobó un préstamo a Argentina por 57.000 millones de dólares a cambio de recortes sociales

Todo esta situación ha conllevado a que el empresario tenga un rechazo del 75 % de la población, y ese índice desaprobación crece cada día más.

Según encuestas realizadas por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) sobre la percepción de la gestión de Macri, un 32,6 % de los argentinos consideran que “fracasó” y un 33 % que “no cumplió sus expectativas”; mientras solo el 8,5 % se creyó lo de “la pesada herencia” y un 18 % cree que debe tener más tiempo para lograr lo que prometió.

Asimismo, 8 de cada 10 encuestados consideran que el modelo económico debe ser cambiado totalmente. Tres cuartas partes de la ciudadanía teme la pérdida de empleo en su núcleo familiar. Casi 6 de cada 10 argentinos afirman que han descendido socialmente y 7 de cada 10 afirman que han tenido que reducir gastos en luz, agua y gas.

Lo cierto es que la radiografía de la crisis social y económica, con la amenaza de caer en default, le complica a Macri su permanencia en la Casa Rosada por otros cuatro años más.

Cristina Fernández compartirá fórmula con Alberto Fernández para los comicios de octubre próximo. Foto: Web

Fórmula Fernández-Fernández

La expresidenta y actual senadora anunció su candidatura a la vicepresidencia a través de un video titulado «En la Semana de Mayo, reflexiones y decisiones. Sinceramente Cristina», en el que ofreció una lectura crítica de la actual situación económica, social y política que atraviesa su país.

Señaló que su dupla con Alberto Fernández “expresa lo que en este momento en Argentina se necesita para convocar a los más amplios sectores sociales y políticos y económicos, no solo para ganar una elección, sino también para gobernar”.

Igualmente, planteó que se concentrarán en el desafío de construir una coalición electoral, capaz de resultar triunfante en las próximas elecciones y de hacer cumplir todo aquello que convoca a la sociedad.

La exmandataria agregó que Señaló que para gobernar una Argentina otra vez en ruinas, con un pueblo otra vez empobrecido, será necesario que la coalición que gobierne sea mucho más amplia que la que haya ganado las elecciones.

El anuncio de la fórmula electoral puso en el foco de la opinión pública al abogado Alberto Fernández, quién ingresó al campo político en el 2000, como legislador en la Ciudad de Buenos Aires.

En esos años, se relacionó estrechamente con el expresidente Néstor Kirchner (2003-2007), quien lo nombró su Jefe de Gabinete en 2003. Luego de la muerte de Kirchner, siguió como Jefe de Gabinete cuando Cristina Fernández asumió la Presidencia, tras ganar las elecciones en 2007.

En 2008 renunció a este cargo en medio de un duro conflicto con el sector agropecuario, lo que lo llevó a distanciarse de Cristina y del kirchnerismo por nueve años, en los que incluso llegó a ser crítico de algunas de sus políticas públicas. A pesar de ello, atendió el llamado de la expresidenta para formar una fórmula electoral de cara al venidero 27 de octubre.

«Pasaron nueve años sin vernos, casi 10, ese tiempo hizo que el reencuentro haya sido un reencuentro donde recuperamos la amistad que habíamos tenido, el afecto, saldamos aquello que nos cuestionamos, y eso nos permite trabajar con mucha confianza. Me emocionó mucho, mucho, el ofrecimiento de Cristina», relató Alberto Fernández en declaraciones recientes.

Para formar parte de la contienda presidencial, deberá medirse en las elecciones primarias que se realizarán el próximo 11 de agosto, y en las que deberá alcanzar el 1,5 % de los votos válidos, algo muy probable de acuerdo con algunos sondeos de opinión.

Persecución política

Cristina Fernández enfrenta en total diez investigaciones por supuesta corrupción, de las cuales cinco ya fueron elevadas a juicio oral.

En todos los casos, la expresidenta señala al Gobierno de Macri de acusarla de delitos sin sustento, como una forma para retirarla de la carrera política e intenta distraer la atención de la crisis económica del país.

“Claramente no se trata de hacer justicia, sino de armar una nueva cortina de humo que pretende distraer a los argentinos -cada vez con menos éxito- de la dramática situación que vive nuestro país y nuestro pueblo», señaló este martes 21 de mayo antes de acudir a los tribunales de Buenos Aires por el llamado caso de la obra pública.

«Se trata de un nuevo acto de persecución con un único objetivo: colocar a una expresidenta opositora a este gobierno en el banquillo de los acusados en plena campaña» electoral, añadió en un mensaje publicado en su cuenta en Twitter.

En el juicio que comenzó este martes, la Justicia argentina acusa Fernández de otorgar desde la presidencia 51 licitaciones de obras viables, presuntamente de forma irregular, por un valor de 365 millones de dólares, a un mismo empresario, Lázaro Báez, quien según los fiscales solo terminó dos de ellas.

Al respecto, la expresidenta explicó en una serie de tuits que este juicio», se basa en un «refrito de denuncias» presentadas hace una década por diputados macristas, las cuales fueron descartadas por cortes provinciales y federales «por inexistencia de delito».

De acuerdo con un reporte del diario argentino Página 12, firmado por Raúl Kollmann, el caso está plagado de irregularidades desde un inicio y es esencialmente “una manipulación política».

De hecho, hace mención a un informe en el que se establece que no hay evidencias de que se hubiera pagado por algo que no fue construido.

No hubo ninguna falsa certificación de obra a consecuencia de la cual se haya autorizado indebidamente un pago”, señala el documento.

El calendario del juicio coincidirá con la campaña electoral, pero no volverá a tener a la expresidenta en el banquillo, al menos hasta después de la segunda vuelta, prevista para noviembre.

Los acusados están obligados a presenciar sólo la lectura de la acusación y los alegatos finales. Mientras tanto, pasarán por el tribunal 150 testigos, entre ellos el propio Alberto Fernández, como ex Jefe de Gabinete entre 2007 y 2008.

La jugada de Cristina

La decisión de Cristina Fernández de postularse como vicepresidenta ha sido descrita como una “jugada política” para lograr derrotar a Mauricio Macri en las elecciones de octubre.

“La movida de Kirchner de ceder la candidatura a la presidencia a Alberto Fernández tiene varias razones: cautivar al electorado peronista no kirchnerista, crear una coalición heterogénea anti-Macri y atender la enfermedad de su hija Florencia, quien también está procesada, no goza de fueros parlamentarios y recibe un tratamiento médico en Cuba. Pero también hay una razón político-judicial: desviar la atención hacia un político kirchnerista que no está procesado (Fernández) y no puede ser atacado, al menos directamente, con el argumento de la corrupción”, señaló BBC Mundo en un artículo.

Por su parte, los analistas Alfredo Serrano Mancilla, Gisela Brito y Sergio Pascual, del Celag, plantearon que la decisión de Cristina Fernández de postularse como vicepresidencia responde a la necesidad de hacer frente a la crisis que atraviesa Argentina.

“La  elección de ser vice se explica en gran medida por el reordenamiento del tempo político que exige el momento histórico; esto es, una propuesta política de gobierno que permita reconstruir el país sobre la base de cimientos amplios y sólidos, priorizando taponar la sangría de la crisis en el corto plazo para luego pensar en el medio y largo plazo”, señalaron.

En el artículo “La política, la vida cotidiana y la decisión de Cristina” destacaron que la envergadura de los desafíos que afronta Argentina exige un conductor político que tenga la capacidad de llevar a cabo las transformaciones necesarias en forma más escalonada, “y que Cristina Fernández sea quien matice, complemente y fundamentalmente marque el horizonte político, como la estadista que ha venido demostrando ser”.

Lo cierto es que la fórmula Fernández-Fernández fue muy bien recibida por los argentinos.

Según los primeros sondeos de opinión podrían imponerse a Mauricio Macri en una primera vuelta, y en caso de ir a balotaje, el binomio lograría un holgado 16 % más frente al actual mandatario

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