La lucha de Irán no sólo representa la defensa de su soberanía, integridad territorial y su sociedad, sino también los propios anhelos de liberarnos como pueblos de una política “hegemónica y arrogante”, como sostenía el mártir Seyed Ali Jamenei al referirse a las potencias occidentales y testaferros como el régimen sionista israelí y aquellos gobiernos serviles y colaboradores a esos objetivos de dominio.