Hoy, con Donald Trump en la Casa Blanca, las guerras de baja intensidad son reditadas con amenazas de intervención si los gobiernos díscolos no acatan sus órdenes. En otras palabras, deben renunciar a la soberanía, entregar las materias primas, petróleo, níquel o tierras raras a empresas estadunidenses para su explotación y control estratégico, aceptando el control de la DEA y la presencia de fuerzas armadas estadounidenses en sus territorios.