Obra traza una ruta donde el mito de Don Juan funciona como la base de la acción dramática: el hombre que parece salir airoso de toda situación, encantador, burlador, amado y odiado a la vez. Sin embargo, la versión de Pushkin tensiona este arquetipo clásico, llevándolo a una mayor crudeza, donde el personaje debe enfrentar las consecuencias de su soberbia frente a la muerte y lo sagrado, proponiendo un desenlace distinto.