La organización calificó el acto en el Líbano como una grave ofensa a la fe y denunció que estos hechos forman parte de un patrón de persecución y limpieza étnica que afecta a las comunidades cristianas en toda Tierra Santa: "No debe ser presentado como una excepción, sino como parte de una política sistemática de agresión que ha golpeado históricamente a comunidades cristianas, sus templos y su clero, tanto en Gaza como en Jerusalén y el sur del Líbano", indicaron.