Nuevo estudio adelanta muerte del Ártico: ¿Cuáles son las consecuencias para la humanidad?

El Ártico atraviesa el umbral de su muerte, ¿cuánto tiempo más existirá? Esa pregunta se la plantean a sí mismos científicos e investigadores alrededor del mundo

Ártico

El Ártico atraviesa el umbral de su muerte, ¿cuánto tiempo más existirá? Esa pregunta se la plantean a sí mismos científicos e investigadores alrededor del mundo. Un nuevo estudio de Nature Climate Change predice que el hielo marino de verano que flota en la superficie del océano Ártico podría desaparecer por completo para 2035.

Resulta que hasta hace relativamente poco, los científicos pensaban que llegaríamos a ese punto pero en el 2050, como muy pronto. En otras palabras: el Ártico se desmorona y sucede más rápido de lo que nadie podría haberse imaginado décadas atrás. Esa es una de las conclusiones del mencionado estudio citado por The Guardian.

La investigación reseña que a finales de julio, el 40 % de la plataforma de hielo de Milne, de 4000 años de antigüedad, ubicada en el extremo noroeste de la isla de Ellesmere, se separó hacia el mar. Es así como la última plataforma de hielo completamente intacta de Canadá ya no existe.

Eso ocurrió mientras al otro lado de la isla, el más septentrional de Canadá, los casquetes polares de St. Patrick’s Bay desaparecieron por completo.

Dos semanas más tarde, los científicos concluyeron que la capa de hielo de Groenlandia puede haber pasado ya por el punto sin retorno. ¿Qué significa esto? Que las nevadas anuales ya no son suficientes para reponer la nieve y la pérdida de hielo durante el derretimiento de los 234 glaciares del territorio durante el verano.

Adicionalmente, en 2019 la capa de hielo perdió una cantidad récord de hielo, una cantidad equivalente a un millón de toneladas métricas por minuto. Por otra parte, el norte de Siberia y el Ártico canadiense se calientan tres veces más rápido que el resto del mundo.

Calentamiento
Leonid Nalyotov se encuentra junto a lo que solía ser un lago detrás de su casa a lo largo del río Kolyma en Yakutia, Siberia. Foto: Katie Orlinsky

Cómo avanza el calentamiento del Ártico

En la última década, las temperaturas del Ártico han aumentado casi 1° centígrado. Entonces, si las emisiones de gases de efecto invernadero se mantienen en la misma trayectoria, el calentamiento aumentaría a 4° centígrados para mediados de siglo.

La investigación refiere palabras de Julienne Stroeve, investigadora científica senior del Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo de Estados Unidos. «Los últimos modelos muestran básicamente que, independientemente del escenario de emisiones que sigamos, perderemos la capa de hielo (marino) de verano antes de mediados de siglo», dice

Asimismo, agrega que, «incluso, si seguimos calentando a menos de 2° centígrados, todavía es suficiente para perder ese hielo marino de verano en algunos años».

“No hay faceta de la vida ártica que permanezca intacta por la inmensidad del cambio aquí (…). El Ártico tal como lo conocemos, un vasto paisaje helado donde los renos deambulan, los osos polares se dan un festín y las aguas están repletas de bacalaos y focas, pronto se congelará solo en la memoria”, dice el estudio reseñado por The Guardian.

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A medida que se acelera la tasa de deshielo del permafrost en Siberia, el cráter Batagaika se hace más grande, desenterrando más capas de suelo antiguo. Foto: Katie Orlinsky

El permafrost en estado crítico

El permafrost es la capa de subsuelo de la corteza terrestre que se encuentra congelada de forma permanente, por naturaleza propia y no por incidente alguno. No es hielo, es suelo congelado y puede ser extremadamente pobre de roca y arena o bien, muy rico en materia orgánica. Por eso, se halla en las regiones muy frías o periglaciares.

En los puestos de avanzada del Ártico canadiense, el permafrost se descongela 70 años antes de lo previsto. Por ello, las carreteras comenzaron a doblarse y las casas a hundirse.

En Siberia, cráteres gigantes marcan la tundra a medida que las temperaturas se disparan, alcanzando en julio los 38° centígrados en la ciudad de Verkhoyansk. Esta primavera, uno de los tanques de combustible de una planta de energía rusa colapsó y derramó 21.000 toneladas métricas de diésel en las vías fluviales cercanas. Esta tragedia se atribuyó a la disminución del permafrost.

Los científicos explican que el permafrost al descongelarse libera dos potentes gases de efecto invernadero a la atmósfera: dióxido de carbono y metano. Esto, simplemente, exacerba el calentamiento global.

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Newtok, en Alaska, un pueblo de Yupik de solo 380 personas, se hunde a medida que el permafrost se derrite. Están en proceso de mudarse a Mertarvik. Foto: Katie Orlinsky

La fauna también sufre los embates

El calor vertiginoso ha provocado masivos incendios forestales, ahora comunes en las partes más cálidas y secas del Ártico. En los últimos veranos, las llamas han arrasado la tundra de Suecia, Alaska y Rusia, destruyendo la vegetación nativa. Esto también lastima a millones de renos y caribúes que comen musgos, líquenes y pastos rasposos.

Aparte, los eventos desastrosos de lluvia sobre nieve también vienen en aumento, encerrando en hielo los alimentos forrajeros preferidos de los ungulados. Entre 2013 y 2014, se estima que 61.000 animales murieron en la península de Yamal, en Rusia, debido al hambre masiva durante un invierno lluvioso. Además, la población mundial de renos y caribúes ha disminuido 56 % en los últimos 20 años.

Esas pérdidas también devastan a los pueblos indígenas, cuya cultura y sustento están entrelazados con la difícil situación de los renos y el caribú. Por ejemplo, la etnia inuit usa todas las partes del caribú: tendón como hilo, piel como ropa, astas como herramientas y carne como alimento.

En Europa y Rusia, el pueblo sami pastorea miles de renos a través de la tundra. Los inviernos más cálidos obligan a muchos de ellos a cambiar su forma de ganarse la vida, por ejemplo, proporcionando alimentos complementarios para sus renos.

Científicos
El científico Sergey Zimov desentierra huesos de mamut y bisontes en Duvanny Yar, un «megaslump» de permafrost o una depresión termokarst. Foto: Katie Orlinsky

Quiénes aprovechan la crisis del Ártico

Mientras el planeta, las fauna y pueblos originarios se ven perjudicados, hay otros que encuentran oportunidades en esta crisis. El derretimiento del hielo hace que los abundantes depósitos minerales y reservas de petróleo y gas de la región sean más accesibles por barco.

Por ejemplo, China decidió invertir fuertemente en la Ruta del Mar del Norte, cada vez más libre de hielo, sobre la parte superior de Rusia. Lo hace porque así podría reducir los tiempos de envío entre el extremo asiático y Europa de 10 a 15 días. Además, el paso a través del archipiélago ártico canadiense pronto podría ofrecer otro atajo.

Por otro lado, en Groenlandia, el hielo que se desvanece está desenterrando una gran cantidad de uranio, zinc, oro, hierro y elementos de tierras raras. Precisamente, es por ello que en 2019 Donald Trump manifestó su intención de comprar Groenlandia a Dinamarca. Es así como nunca antes el Ártico había tenido tanta relevancia política.

El turismo también experimentaba un auge, hasta antes de que llegará la pandemia del COVID-19. ¿Cómo? Una multitud de visitantes adinerados se sienten atraídos por esta región exótica con la esperanza de tomarse la “selfie perfecta” bajo la aurora boreal.

El impacto del turismo de invierno aumentó más de 600 % entre 2006 y 2016. La ciudad noruega de Tromsø, apodada la “París del norte”, recibió a 36.000 turistas entre 2008 y 2009. En 2016 ese número se disparó a 194 mil.

Pero, detrás de ese “interés” hay otro sentimiento tácito: esta podría ser la última oportunidad del hombre para experimentar el Ártico como ha sido por miles de años.

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Una pequeña llama puede convertirse en una enorme llamarada de gas metano en la superficie de un lago, porque el deshielo del permafrost hace que las burbujas del gas queden atrapadas en el hielo. Foto: Katie Orlinsky

Qué puede hacer el hombre

Detener el cambio climático en el Ártico requiere una enorme reducción de las emisiones de combustibles fósiles. Lamentablemente, el mundo ha avanzado poco en este tema a pesar de la obvia urgencia. Los años pasan y muchos gases de efecto invernadero persisten en la atmósfera. Incluso, si se detuvieran todas las emisiones, tomaría décadas para que esos gases se disuelvan y las temperaturas se estabilicen. Y, en ese periodo, se seguiría perdiendo más hielo, permafrost y animales.

«Tiene que ser tanto una reducción de las emisiones como también la captura de carbono en este punto», explica Stroeve. «Necesitamos sacar lo que ya hemos puesto allí».

De acuerdo con el estudio, también otras estrategias pueden ayudar a mitigar el daño al ecosistema y sus habitantes. La aldea Yupik de Newtok, norte de Alaska, donde el deshielo del permafrost erosiona el suelo bajo los pies, será reubicada para 2023.

Grupos conservacionistas presionan para establecer varias áreas de conservación marina en todo el Alto Ártico y así proteger la vida silvestre afectada. En 2018, varias organizaciones firmaron un acuerdo que prohibe la pesca comercial en alta mar del Océano Ártico central durante al menos 16 años. Pero, eso obligatoriamente se debe complementar con más regulaciones gubernamentales sobre nuevas actividades de transporte y extracción en la región.

La triste realidad es que “el Ártico del pasado ya se ha ido”. De continuar la trayectoria climática actual, será imposible volver a las condiciones de hace apenas tres décadas.

Sin embargo, y a pesar del oscuro panorama científico, muchos expertos creen que todavía hay tiempo para actuar, para preservar el Ártico como alguna vez fue. Pero, ello necesitaría que el mundo se uniera para evitar más daños y conservar lo que queda de este ecosistema único y frágil. En conclusión: una esperanza bastante utópica.

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