La tumultuosa llegada al obispado de Osorno del cuestionado Juan Barros y la reciente polémica del arzobispo de Santiago Ricardo Ezzati por censurar a un teólogo de la Universidad Católica dan cuenta de que algo se está moviendo en el piso de la Iglesia chilena. Sus detractores no son anticlericalistas ni ateos, sino que los propios fieles.