La perspectiva de una recesión global -en el marco de sobreproducción, guerras de precios y enfrentamientos geopolíticos- es real. Una depresión global dispararía una gigantesca destrucción de valores. El dólar no sería inmune a ella.
Todos los préstamos anteriores del FMI terminaron siendo contrabandeados o invertidos en el extranjero o utilizados para la especulación financiera. Ni los gobiernos de derecha ni los peronistas hicieron nada para detener este robo especulativo al pueblo y los recursos argentinos.
Es evidente que la cobardía se aferra al negacionismo, el insistir que al país le hace mal mirar su pasado; ese es un discurso que saca nota roja en el colegio y se abraza a la regalada impunidad.
No podemos aceptar que Donald Trump, cual bestia desbocada, sustituya la diplomacia, los acuerdos y el respeto a los organismos de los cuales se ha dotado esta humanidad.
La canciller británica destacó los beneficios concretos que el Reino Unido ha obtenido de su cooperación con China, incluyendo acuerdos millonarios para el sector financiero.
El tándem formado por Condoleezza Rice (en términos político-diplomáticos) y Donald Rumsfeld (desde la perspectiva militar) construyó el eje sobre el que se inició la transformación de China en enemigo principal -para EUA- en el escenario político de cara a una mirada estratégica global para el siglo XXI.
Las recientes restricciones impuestas por Estados Unidos a la industria tecnológica intensifican la disputa global por el dominio de la inteligencia artificial.
Con la expansión del BRICS a más países del Sur Global, se está produciendo un renacimiento del “espíritu de Bandung”, no sin contradicciones y nuevos retos.
Estados Unidos y sus administraciones de gobierno, sean estas republicanas o demócratas, tiene como ideario el no cumplir nada que no sea favorable a sus pretensiones hegemónicas. Un infractor de cuanto acuerdo y compromiso internacional ha firmado.