Los microprocesadores, tan invisibles como indispensables, se han convertido en el centro de una feroz disputa entre Estados Unidos y China, que trasciende lo comercial y marca el rumbo del siglo XXI.
Esta crisis, que también afecta a la industria química con una notable reducción en los pedidos globales, es atribuida a las disrupciones comerciales impulsadas por Estados Unidos y genera preocupación por una posible desaceleración económica.
El viaje del mandatario brasileño a territorio ruso y chino tiene como ejes centrales la búsqueda de una resolución pacífica para el conflicto en Ucrania y el fortalecimiento de alianzas estratégicas con países que comparten la visión de un orden mundial multipolar, en contraposición a las políticas proteccionistas de Estados Unidos.
La acción judicial busca bloquear la imposición de aranceles del 145% a la mayoría de los productos de China y un arancel del 25% a la mayoría de los productos de Canadá y México, importantes socios comerciales de los doce estados demandantes.
El tándem formado por Condoleezza Rice (en términos político-diplomáticos) y Donald Rumsfeld (desde la perspectiva militar) construyó el eje sobre el que se inició la transformación de China en enemigo principal -para EUA- en el escenario político de cara a una mirada estratégica global para el siglo XXI.
El conflicto comercial entre Estados Unidos y China provoca interrupciones en las exportaciones automotrices y anticipa un alza significativa en los precios para el consumidor estadounidense.
Hoy en día, Estados Unidos es un pato cojo, que sin embargo se engaña a sí mismo pensando que sigue siendo, de alguna manera, el águila calva que una vez fue, y actúa en consecuencia.
La escalada proteccionista y la guerra comercial ocurre en una economía que en los últimos 50 años se ha mundializado a niveles nunca antes alcanzados.
El mandatario de EE.UU. elevó los aranceles a China al 125% y se burló de líderes extranjeros: “Me están besando el trasero”. Anunció una “pausa de 90 días” para el resto del mundo, pero advirtió que mantendrá el arancel universal del 10%.
El gobierno británico responde con medidas de emergencia ante los aranceles de EE.UU., buscando proteger empleo y diversificar sus relaciones comerciales.