El pez muere por la boca, reza el refrán popular. El canciller Heraldo Muñoz desafió con soberbia y no sin prepotencia a sus pares bolivianos en agosto con una expresión matonesca que debiera costarle más que un traspié político. El desafiante Muñoz tendría que evaluar lo que significaba su belicosa frase “nos vemos en La Haya”. ¿Cómo te quedó el ojo, Heraldo?