El riesgo que señala Amodei es real y merece tomarse en serio en sus propios términos técnicos. Pero el riesgo que señala Jung —y con él, Merton y la mejor ciencia ficción— nos obliga a considerar que es distinto: que una humanidad moralmente complaciente use a la inteligencia artificial como chivo expiatorio de su propia decadencia epistémica, en lugar de emprender la integración de la sombra que toda crisis exige y, de paso, mejorarnos como personas y como sociedad.