En Chile, por ejemplo, se eligió una Convención Constituyente, encargada de redactar una nueva Constitución que suceda a la aprobada durante el gobierno de facto del dictador Augusto Pinochet, y para sorpresa de muchos y beneplácito de otros, un gran porcentaje de los electos resultaron ser ciudadanos provenientes de la matriz social, sin militancia político – partidaria.