Los invernaderos comunes requieren de bastante energía para generar calor y ser monitoreados e iluminados. Aunque están diseñados con una finalidad verde, su huella de carbono es mucho mayor de lo que se cree.
La creación de Michael Loik apunta a un futuro mejor, donde la energía y luz solar se aprovechan de una nueva forma, permitiendo que las plantas crezcan incluso con más eficiencia que en el medio natural, ante las inclemencias del cambio climático.