Una nueva oligarquía ha surgido en El Salvador, conformada por el presidente Nayib Bukele, su familia y un círculo de funcionarios de su círculo que han multiplicado exponencialmente su patrimonio en solo siete años —con incrementos de hasta el 713%— amparados en préstamos millonarios del Banco Hipotecario, una fiscalización tributaria extremadamente laxa y la revalorización del centro histórico de San Salvador, lograda mediante el desalojo forzado