En esencia, sostenemos que, si bien hay un recrudecimiento de la dependencia argentina con respecto a EEUU, esta debería distinguirse de lo que, históricamente, ha sido el dominio colonial.
La Venezuela bolivariana y la Argentina de Milei presentan dos caminos radicalmente diferentes para América Latina: el desafío soberano de Venezuela al imperialismo estadounidense y la creciente sumisión y dependencia de Argentina. Una sufre la «guerra híbrida» imperial mientras la otra gana el «auxilio» imperial.
Las mentiras de EE.UU. son frecuentes e impunes. Estados Unidos ha sido acusado de utilizar diversas mentiras para invadir otros países. Algunas de las mentiras más comunes incluyen supuesta amenaza a la seguridad nacional, la protección de la democracia y los derechos humanos en países con gobiernos autoritarios o dictatoriales.
Nuestros medios de comunicación están más preocupados de cubrir y alentar la provocación de Trump en Sudamérica que de referirse a la reciente consolidación de acuerdos de las grandes potencias asiáticas, ya que esta prensa es incapaz de entender este fenómeno.
El verdadero objetivo es sofocar la multipolaridad e impedir que América Latina participe en ella, al tiempo que refuerza la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental bajo el disfraz de Make America Great Again.
La conducta intimidatoria de Estados Unidos en lo que considera su patio trasero es un intento de reafirmar la primacía imperial sobre una China en ascenso, pero enfrenta una gran resistencia.
El responsable del FPMR sería conocido en esos años como Comandante José Miguel. En lo interno, se lo conoció como Rodrigo o Benjamín. Su nombre real, Raúl Alejandro Pellegrin Friedman.
En América Latina, el influjo de la revolución cubana muestra un camino de dignidad. Su influencia perdura en el tiempo. Ha logrado sobrevivir entre errores, aciertos y reveses. Enfrentada a un bloqueo que dura seis décadas, conoce el significado del imperialismo.
¿De qué democracia nos hablan, ahora, en plena campaña presidencial? En que cada partido y candidato les enrostran a sus adversarios su militancia en referentes ideológicos reñidos con el deber ser de la democracia.