Las movilizaciones estudiantiles lograron develar el carácter y profundidad de la crisis educacional de nuestro país. La fuerza de la calle puso en evidencia que el modelo educativo, al estar organizado como un mercado, no puede constituirse en sistema, con principios y finalidades comunes, ni tampoco puede garantizar la educación como derecho social universal. Eso es así porque en una concepción de mercado predomina la libertad de enseñanza por sobre la noción de derecho y la provisión éste queda condicionada a relaciones de oferta y demanda.