En una sociedad del espectáculo, las crónicas de los reporteros desplazados a la zona cero proyectan pueblos sumidos en el lodo, gentes abatidas, sufrimiento y dolor. Los reportajes sirven para retroalimentar las tesis ultras de Estado fallido.
Estos futbolistas entendieron, tal como sus antecesores del 68´, que tal como reza un rayado en una pared parisina: “la izquierda no es perfecta, pero la izquierda no es fascista”.
Una Europa renazificada es necesaria para emprender el ciclo de monstruosa dinámica bélica al que el gran capital de EE.UU. nos está llevando y nos continuará arrastrando en las próximas décadas, en cuanto que la potencia imperial se revuelve con furia para no ser superada y dejar de dominar el mundo.
Figuras de la ultraderecha como el expresidente estadounidense Donald Trump, el exmandatario de Brasil Jair Bolsonaro, el candidato presidencial argentino Javier Milei o el excandidato presidencial chileno José Antonio Kast dieron su apoyo a la formación de Vox de Santiago Abascal.
Debajo de las olas del océano, sin que nos demos cuenta, hay una red inmensa, poderosa y bien financiada de fundaciones, ‘think tanks’, escuelas y publicaciones.