El problema de Chile no es que a Boric ‘no le guste personalmente Putin’, como él confesó hace unos días en Suiza. Ni siquiera que sienta admiración por Zelenski, hasta que pueda parecerse en algo a él. Aquí el gran lío está en la traición.
"El respaldo del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte a la ultraderecha venezolana es un llamado de atención sobre las pretensiones de dichos grupos", señalaron en un comunicado.
Calificar de «conflicto interimperialista» a la guerra defensiva rusa contra la OTAN en Ucrania, sin conectarla con la resistencia palestina y con el resto de guerras que azotan al mundo, es muestra de ignorancia supina, como mínimo.