La Ley de Cambio Climático adoptada por el Congreso chileno y el actual Gobierno seguirá el mismo camino que los Acuerdos de París: en poco tiempo más se habrá quedado corta.
Creo que pueden armonizarse perfectamente las actividades de ocio, conocimiento y disfrute de la naturaleza con actividades que permitan desenvolvernos de forma responsable en ella.
Hoy estamos frente a una inédita decisión colectiva y existencial. Si no cambiamos drásticamente nuestra forma de habitar el planeta, seguiremos avanzando hacia la extinción.
La crisis del sistema financiero internacional está en pleno desarrollo y no sabemos aún cuál será el grado de contagio que tendrá en América Latina, Asia o África. La situación es muy delicada.
Es difícil imaginar que la moneda norteamericana pueda mantener su supremacía en el futuro y que no sea reemplazada por otra moneda o conjuntos de otras monedas en un mundo cada vez más multipolar. Más todavía si pensamos en el impulso que tomó el yuan de China, la gran súper potencia económica emergente del siglo XXI.
Parece que nadie quiere tomar en serio la hiperamenaza. Cuando se convierta en realidad, es posible que ya sea demasiado tarde y prefieran “matar al cartero” antes que recibir las malas noticias.
Pucón, una pequeña e idílica localidad sureña ubicada a orillas del lago Villarrica y a las faldas del volcán más activo de Chile, está sometido a una crisis ambiental que refleja muy bien lo que ocurre en el país y en el planeta.
Al momento de enfrentar estos desastres, el Estado chileno está fallando en el nivel de preparación de las comunidades y en la comunicación del riesgo.
En la anterior erupción del volcán Villarrica, ocurrida el martes 3 de marzo del 2015, la alerta naranja se declaró sólo un día antes. Con tan poco tiempo de anticipación, la alerta no cumplió su finalidad.
China, la segunda potencia económica del mundo (responsable del 33 por ciento de las emisiones de CO2) decidió privilegiar su crecimiento económico por sobre la transición a las energías renovables.