Esta es la vida de un hombre que, como otros millones, cuida de su mujer, juega con ella, intima y se percibe, junto a ella, como una sólida construcción social. Sin embargo, Jenny no es una mujer ordinaria, de hecho no respira ni habla ni defeca: el estar constituida de silicona no se lo permite –tal vez ni siquiera tiene alma, aunque nadie podría garantizarlo.