«Bienvenidos a México», dice el letrero verde en la frontera de El Ceibo, Tabasco, límite territorial con Guatemala.«Bienvenidos al infierno», susurra alguien mientras las madres cruzan la línea divisoria. México, el país que hasta los noventa recibió prófugos de toda América Latina, familias enteras huyendo de regímenes dictatoriales, guerras civiles, persecuciones étnicas y pobreza extrema ya no es un cobijo seguro, para nadie.