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La Amazonía enfrenta a su peor enemigo en décadas: Jair Bolsonaro

Una realidad innegable es que los árboles están desapareciendo paulatinamente del llamado pulmón vegetal del planeta, por más que el presidente brasileño lo niegue o intente ocultarlo entre acusaciones y berrinches


La ciudad brasileña de Salvador, estado de Bahía (noreste), se convierte estos días en la capital regional del medio ambiente, pues allí se realiza -entre lunes y viernes- la Semana del Clima de América Latina y el Caribe, que reúne a representantes de la ONU, Gobiernos, empresas, académicos y organizaciones no gubernamentales.

El objetivo del encuentro es debatir la agenda ambiental de la región, en aras de encontrar respuestas para la crisis climática que vive el mundo. Además, reseña la agencia EFE, el evento servirá como termómetro para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP-25), a celebrarse en Chile en diciembre próximo.

La Semana del Clima tiene lugar en Brasil, país que está en el punto de mira por las polémicas políticas en materia ambiental que impulsa su presidente ultraderechista, Jair Bolsonaro.

El Mandatario ha implementado medidas que dejarán aún más vulnerable a la mayor reserva vegetal del mundo, la Amazonía, zona que se extiende a lo largo de 7,4 millones de kilómetros cuadrados a través de Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela.

La Amazonía es un territorio que se extiende a lo largo de 7,4 millones de kilómetros, entre siete naciones suramericanas. Foto: Web

Sin embargo, es Brasil el país que alberga la mayor parte, más del 60 %, y donde habitan alrededor de 34 millones de personas, incluidas 385 comunidades indígenas, que desde hace años luchan por la defensa y reconocimiento de su identidad y territorio, reseñó Telesur.

Desaparecen los bosques

Una realidad innegable es que los árboles están desapareciendo de la selva amazónica de Brasil, por más que Bolsonaro lo niegue o intente ocultarlo. Como bien explica The Guardian, su coalición política depende del apoyo de legisladores respaldados por los agronegocios, algo que implica para el Gobierno hacer una “limpieza de tierras” en aras de obtener una mayor producción forestal y ganancias.

Pero, ¿qué está en juego? En primer lugar, un acuerdo comercial regional con la Unión Europea, en segunda instancia la continuidad del Fondo Amazonía y luego la reputación mundial de Brasil.

El Gobierno brasileño mantiene una base de datos satelital de deforestación y emitió una alerta cuando descubrió que la tala aumentaba después de que Bolsonaro asumiera el cargo en enero pasado. Sin embargo, el Presidente calificó como “mentiras” los datos del satélite y despidió al jefe del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE) de Brasil, Ricardo Galvão.

Imágenes satelitales del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales brasileño revelan la pérdida de árboles en la selva amazónica. Foto. INPE

La justificación de Bolsonaro fue que, a su juicio, Galvão trabajaba para una organización internacional sin fines de lucro, reafirmando así la retórica nacionalista de su campaña, que afirma que los extranjeros que buscan detener el desarrollo del país son responsables de las críticas a sus políticas ambientales.

Qué plantea el Acuerdo

En junio, la Unión Europea alcanzó un acuerdo comercial con el Mercado Común del Sur (Mercosur) -un grupo económico que incluye a Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela- que está ahora en aprobación final.

El pacto sostiene que para proteger la ventaja competitiva de los agricultores europeos, y debido a que los científicos creen que proteger la selva tropical amazónica es vital para frenar el calentamiento global, son necesarias restricciones a la deforestación amazónica.

Según datos del INPE, la deforestación aumentó 88 % en julio de este año, en comparación con el mismo mes de 2018, antes de la elección de Bolsonaro, refiere The Guardian. Esa cifra pone en peligro la firma del acuerdo.

En Brasil, según datos oficiales, la deforestación aumentó 88 % entre julio de 2018 y el mismo mes de 2019. Foto: Web

¿El fin del Fondo Amazonía?

En vista de la posibilidad de que el acuerdo no se concrete,algunos estados brasileños que albergan la selva amazónica manifestaron su intención de negociar directamente con las naciones europeas que financian proyectos para frenar la deforestación. El anuncio se da justo después de que Noruega y Alemania decidieron suspender las donaciones para la protección de esta región.

Resulta que ambas naciones son dos de los mayores donantes del Fondo Amazonía, y alegaron que el Gobierno de Bolsonaro cambió la estructura del Fondo y cerró el comité directivo que selecciona los proyectos para respaldarlos.

En ese sentido, Waldez Góes, gobernador del estado de Amapá y presidente de una organización que agrupa a los estados amazónicos, comunicó a los medios que las embajadas de Noruega y Alemania fueron informadas de su disposición a negociar.

“Los gobernadores del bloque amazónico quieren participar directamente en las decisiones para reformular las reglas del Fondo Amazonía, que están siendo establecidas por el banco de desarrollo estatal BNDES”, dijo Góes.

En la Amazonía brasileña habitan no menos de 385 comunidades indígenas reconocidas por el Gobierno. Foto:. Web

La respuesta de Bolsonaro

Ante esta situación, el Presidente arremetió contra la medida de los europeos y aseguró que Brasil no tomaría ninguna lección de los países donantes. Asimismo, mandó a la canciller Ángela Merkel a usar los fondos para “reforestar Alemania” y reprochó a Noruega por “matar ballenas” y “extraer petróleo del Polo Norte”.

El Fondo Amazonia fue creado en 2008 en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, con el fin de recaudar donaciones para inversiones no reembolsables en acciones para prevenir, monitorear y combatir la deforestación de este gran pulmón verde.

De acuerdo con El País, en una década el Fondo ha recaudado 1,3 millardos de dólares, que se han destinado a 103 proyectos, 21 ya concluidos, que han beneficiado directamente a 49.000 indígenas y a 465 publicaciones científicas. Noruega es el mayor donante con cerca de 1.200 millones (94 %), seguido por Alemania, con 68 millones (5 %).

Bolsonaro representa una amenaza para los bosques y para la convivencia de las comunidades indígenas brasileñas. Foto: Web

Políticas de alto riesgo ambiental

Las políticas de Bolsonaro en esta materia incluyen la defensa de la explotación de la selva tropical, la legalización de la minería en las reservas indígenas y la reducción de la fiscalización en áreas protegidas.

Su primera medida fue fusionar dos ministerios contrapuestos, Agricultura y Medio Ambiente, y como la bancada de agronegocios impulsó su candidatura queda claro que la política ambiental será relegada por una agresiva explotación de tierras.

De igual manera, en repetidas ocasiones ha asegurado que no demarcará más tierras indígenas, una exigencia histórica que garantizaría la conservación de sus modos de vida.

A su juicio, “el indio ya tiene demasiada tierra”. En Brasil, el 13 % del territorio está constituido por tierras indígenas reconocidas por el Gobierno y prácticamente el 98,5 % se ubica en la selva amazónica. Incluso, su derecho a ellas está garantizado en el artículo 231 de la constitución brasileña.

Las comunidades indígenas tienen derecho a sus tierras ancestrales, así lo establece el artículo 231 de la Constitución brasileña. Foto: Web

Aun así, Bolsonaro ha decidido abrir estas tierras a la explotación minera y forestal, con la excusa de que los indígenas podrán vivir de esas regalías.

De acuerdo con la WWF, para octubre de 2018 una quinta parte de la selva del planeta había desaparecido en los últimos 50 años como parte de la explotación de los recursos. Advierten que, bajo el mando de Bolsonaro, esta situación empeorará, si lleva a cabo su ambicioso proyecto de abrir una carretera a través del Amazonas y concesionar nuevos proyectos de explotación.

Al respecto, según los datos del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales, la Amazonía ha perdido 5.879 kilómetros cuadrados en los últimos 12 meses, un 40 % más que un año antes.

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