Lo más preocupante es que este conservadurismo ya no se presenta con la brutalidad explícita de otros tiempos. Hoy se viste de un lenguaje moderno. Habla de meritocracia, de libertad, de neutralidad, de igualdad. Pero, en el fondo, busca lo mismo de siempre: despolitizar la desigualdad, ridiculizar al feminismo y reinstalar una idea de mujer asociada al sacrificio silencioso, la culpa y la subordinación.