La resignación para contentarse con lo que es posible cambiar si la derecha lo permite, es lo que ha hundido a la política a los niveles de descrédito actual.
Una investigación de la Fundación Sol señala que este monto equivale al 1,3% del Producto Interno Bruto (PIB) y que un 63,3% del total de la inversión se realiza en instrumentos de deuda (bonos de empresa).
Esta impotencia del régimen, esta incapacidad de alcanzar legitimidad, es una expresión concreta del inaudito agotamiento de las ilusiones democráticas.
A pesar de las cifras irrefutables que muestra la pobreza a la que condena este sistema, que es único en el mundo, no hay voluntad de cambiarlo. Se ha intentado en varios gobiernos: Bachelet, Piñera y Boric y el sistema se mantiene igual.
El creador de las AFP y exministro de la Dictadura celebró la propuesta de nueva Constitución emanada del Consejo Constitucional, calificándola como una "versión modernizada" de la de 1980.
Distintos expertos han alertado que, en caso de aprobarse la propuesta, ésta permitiría al próximo presidente detener personas en lugares que no son cárceles, además de volver inconstitucional los sistemas públicos de salud y de pensiones.
El diseño del sistema de capitalización individual ha permitido que unas pocas familias millonarias hayan incrementado su riqueza en todos estos años de capitalización individual a costa del trabajo de personas que se jubilan con pensiones que ni siquiera se acercan al salario mínimo.
El economista y exconvencional anunció su voto a favor en el plebiscito del 17 de diciembre. Sin embargo, lejos de entregar argumentos sobre el contenido de la propuesta, aseguró que su voto se basa en la necesidad de asestarle una "derrota" al presidente Boric.