La dinámica observada en Kuala Lumpur confirma que el Sudeste Asiático se ha convertido en uno de los ejes decisivos del nuevo orden multipolar. La incorporación de Timor Oriental, la resolución diplomática del conflicto entre Tailandia y Camboya, y la participación inédita de actores extra-regionales como Brasil evidencian que la ASEAN ya no es un engranaje periférico de la arquitectura occidental, sino un bloque que orienta su propia agenda.