Con la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos se ha configurado como un país manifiestamente agresor y con conductas expresamente violatorias del más elemental derecho y moral internacionales. E incluso su presidente se ha convertido en una suerte de matón y mafioso a escala global utilizando sistemáticamente las amenazas, los insultos y las extorsiones y chantajes a todos los gobiernos que no se ajustan a sus deseos.