De aprobarse la Nueva Constitución el próximo 4 de septiembre, Chile iniciará un proceso de cambio energético profundo que nos permitirá enfrentar mucho mejor y de forma solidaria la crisis energética global derivada del agotamiento de las energías fósiles (carbón, gas y petróleo) y de las limitaciones que nos imponen estos mismos combustibles a la hora de impulsar la transición energética hacia las energías renovables.