El trabajo de odiar conlleva una pedagogía. No se nace odiando, dirá Freud en su obra Los instintos y sus destinos. Para odiar es necesario definir aquello que se odia. Descargar la violencia sobre un objetivo concreto. Hablamos de un sentimiento dirigido, cocinado a fuego lento. De ahí que el odio sea una conducta social. Se enseña, a la par que se aprende a odiar.