La perdedora de esto no es Bachelet. Tiene una carrera internacional sólida, tiene a Lula y a Sheinbaum en su esquina, y tiene la dignidad intacta de quien recibió un portazo y respondió con clase. La perdedora es la Cancillería chilena, que ahora tendrá que trabajar el doble para recuperar credibilidad en los foros donde importa.