En este choque de paradigmas, vemos a un Occidente otanista presa de su solipsismo y que representa la decadencia, que se enfrenta a “un resto del mundo” encabezado por organizaciones y países del Sur Global que se adhieren a una concepción rupturista del actual estado de cosas, que articulan una visión de mundo integrado con aspiraciones de justicia y desarrollo soberano indivisible y que representa el del apogeo.