A una semana de la realización de la emblemática fiesta, la polémica por sus efectos secundarios en la ciudad-puerto está al rojo vivo: "Las autoridades están amedrentadas por los Mil Tambores, esto es un cacho para todos (...) los vemos muy amedrentados, y los vecinos más aún, porque sufrimos incluso un riesgo físico", señaló Boris Kuleba, secretario de la Junta de Vecinos del cerro San Juan de Dios.