El hombre que predica en voz alta las palabras de un Dios omnipresente y castigador, no se ha cansado de criticar, perseguir y molestar a distintas personas que él califica de enfermos, pecadores y pervertidos. Por estas acciones reiteradas algunas autoridades han rechazado los actos de Soto e incluso han anunciado querellas en su contra. Pues Soto personifica una postura obsoleta y violenta que amenaza el avance de esta sociedad que pretende crecer en derechos civiles.