Una nueva intervención armada de parte del Ejército para asegurar el ‘orden público’ constitucional (según la Constitución ilegítima de 1980), reprimiendo al actual movimiento ciudadano, no sólo sería una reedición de las ‘tareas sucias’ del pasado, sino también un reacción extemporánea, a-histórica, que dejaría otras heridas abiertas, además de un crimen de lesa soberanía.