Si el mundo quiere reducir de forma eficaz la pobreza y alcanzar los objetivos de desarrollo claves en ámbitos cruciales como son la salud y la educación, los países tiene que centrarse, no sólo en alcanzar el crecimiento como un fin en sí mismo, sino también en poner en marcha políticas que asignen recursos a aquellas personas en situación de pobreza extrema.