En Política de Drogas, si lo que se pretende es -trascendiendo el paradigma prohibicionista- ofrecer una respuesta sana, conducente, frente al uso de drogas en la cultura, desde el respeto por el marco jurídico que nos ordena, y tener algo que ofrecer para resolver el problema de la adicción y el uso problemático de ellas, resulta imprescindible reconocer la necesidad -y el derecho- que un Ser Humano tiene de incluir en su consciencia, en su experiencia, la dimensión espiritual de la vida.