Durante los años 80, la célebre fotógrafa Sage Sohier viajó por todos los Estados Unidos buscando parejas del mismo sexo que hubieran decidido derribar todos los prejuicios de la sociedad que les rodeaba para marcharse a vivir juntas. Al contrario de lo que la ley pudiera decir, y a pesar de no estar reconocidos por ella, los suyos eran matrimonios reales. Sin curas o jueces de por medio, a ellos no les hacía falta nada más que su amor, su cariño y su esfuerzo para seguir adelante.