La incorporación de los ex dirigentes estudiantiles al gobierno era vista, por algunos crédulos, como la oportunidad de que estos jóvenes –siendo consecuentes con sus incendiarios discursos del 2011– estuvieran permanentemente fiscalizando y representando los intereses del pueblo. Sin embargo, resultó ser exactamente todo lo contrario. Estos jóvenes se han transformado en los voceros de la Nueva Mayoría, especialmente para justificar la vergonzosa reforma educacional.