Una responsabilidad importante en la decadencia europea la ha tenido el rol que ha jugado la socialdemocracia y movimientos progresistas afines, que emergieron con fuerza después de la segunda guerra mundial y tuvieron un papel en los avances sociales y democráticos de la región, pero que no lograron levantar un proyecto estratégico soberano de Europa, y paulatinamente se fueron domesticando y sometiendo a los dictados de Estados Unidos, a su retórica anticomunista, belicista y al relato civilizatorio del Occidente hegemónico.