Los nuevos proyectos de derechas dicen no ser fascistas, pero sí dicen ser sionistas. La operación es estratégica: dado que el Holocausto es hoy día el dispositivo del nuevo supremacismo, entonces los nuevos fascismos abrazan a Israel para no identificarse ni al nazismo ni al fascismo históricos. Israel funciona, así, como un mecanismo higiénico de la actual cultura de derechas, pues les permite mostrarse como pro-judíos y vanguardia de la defensa irrestricta del pacto liberal–sionista.