Las calles de Washington y Nueva York fueron cubiertas totalmente con el asfalto venezolano, arrancado por las ávidas empresas estadounidenses, que gozaron de privilegios y de condiciones más que ventajosas para la extracción de recursos durante finales del siglo 19 y todo el siglo 20, hasta la promulgación de la Ley de Hidrocarburos de 2001, durante el Gobierno de Hugo Chávez. Meses después de la promulgación de la ley, la derecha venezolana respaldada por EE.UU. hizo un Golpe de Estado.