Hitler utilizó los términos “aniquilación” (Vernichtung) y “erradicar” o “exterminar” (ausrotten) cuando se refería a los judíos en la década de 1930, y luego cuando habló de la solución final (Endlösung) en la década de 1940. El lenguaje es cruel, ya que en sí mismo conlleva las implicaciones del acto.